EDICIÓN IMPRESA 172 - La música honesta de La Pequeña Revancha




Las canciones honestas no siempre tienen que ser acústicas. Las canciones acústicas no siempre son honestas. Lo sabe La Pequeña Revancha, el dúo conformado por Claudia Lizardo y Juan Olmedillo, que acaban de presentar su segundo disco, Pasos sincopados. 

Siete canciones les bastan para desnudar sus sentimientos, mostrar su nueva musculatura sonora y retar a quien escucha. Algo que necesitaban hacer luego de tres años de expectativa, de una audiencia esperando conocer él siguiente paso de los responsables de Falsos Hermanos, uno de los discos mejor logrados de 2013. En ambos casos se trata de álbumes de corta duración, EPs. 

La espera puede ser injustificada, considerando que varias de las piezas contenidas en este trabajo son remanentes remanentes de aquel primer lanzamiento. 

Por eso, quien los haya visto en directo podrá identificar versiones terminadas de temas como "Rojo", el tema con que cierra este disco, el más largo de ellos. La canción es un thriller que narra una persecución y un asesinato, en escenas que van aumentando su intensidad, con la voz del cantante caraqueño alcanzando nuevas cotas hasta perderse en el grito, el de la historia, el de la víctima, el del victimario. 

De las canciones que beben de la estética anterior destaca "La pequeña revancha" -con todo y su redoblante de marcha militar- quizá la única en las que se cuelan guitarras acústicas. De resto, se muestra un catálogo de canciones más poderosas, más confiadas y más robustas. La sonoridad se ha expandido, la mezcla se ha hecho más profunda, los instrumentos son más ruidosos y presentes. 

De hecho, la mayoría de las piezas van in crescendo, desplegándose a cada minuto, más electrificadas, más exuberantes. Bien sea en el pulso electrónico que inaugura "Yo era el sol", pasando por los acordes limpios e iniciales de "Rosa de Montecarmelo" o el sonido alejado, como de AM, con el que comienza "Temporal". 

Son evidencias de una evolución estética tanto del grupo como de sus responsables. Juan Olmedillo, enemigo declarado de la electrónica, ahora se deja convencer por ella, por ejemplo. Es su segundo gran cambio con La Pequeña Revancha, luego de que hace tres años mostrara su acercamiento al sonido acústico, melancólico, reflexivo e intimista en contraste con las ruidosas fiestas rockabilly de Los Mentas, su banda de siempre, ahora desactivada. 

Claudia Lizardo dejó salir su explosión rock en "A mi pesar", compuesta por Olmedillo y completada por ella, en la cual se imprimen las guitarras más puntiagudas del material sobre voces combinadas durante sus 3:37 minutos. En "Rosa de Montecarmelo" la estética también es exigente pero hacia lo orquestal y con la trompeta definitoria de Tulio Carrasquel. 

Las letras en tercera persona o narrando historias ajenas se imponen. Los compositores como testigos, pero no sin sentimientos. "Yo era el sol" hace a Lizardo tener un nudo en la garganta siempre al recordar a su padre PTT Lizardo, sobreviviente de un ACV que lo puso al filo de la navaja, de quien habla en el tema. "Rosa de Montecarmelo" le sirve a Olmedillo para honrar a su abuela, quien vivió una historia personal -y de país- muy difícil. 

Este disco, con mayor inclinación al pop, demuestra la confianza del grupo que contó con Tony Maestracci y Rafael Cadavieco (batería), Luis "Droopy" Pulido (bajo), Jesús "Percucello" Vázquez (cello) y Bairón Marchán (violín). 

Con Pasos sincopados, La Pequeña Revancha sigue caminando, haciendo canciones cinematográficas, de escenas y emociones, sin tanto mirar atrás, sin la melancolía aparente de sus melodías, y sin conexión con el drama nacional, donde las voces defienden unas líricas que, aunque importantes para sus compositores, son eclipsadas a ratos por el ambiente sonoro, privilegiado en la mezcla de algunas piezas. 

Aquí puedes escuchar completo Pasos sincopados de La Pequeña Revancha:

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