EDICIÓN IMPRESA 165 - Tiempo de tributos


Por estos días, se suceden en Caracas un sin fin de conciertos homenaje a artistas nacionales o extranjeros. Especialmente foráneos. El viernes 29, por ejemplo, la banda venezolana Sim Floyd, nacida hace una década para honrar la música de los británicos Pink Floyd, presentó un cine-concierto de la película The Wall. En el centro cultural BOD en Caracas, proyectaron la película de 1982 dirigida por Alan Parker, escrita por Roger Waters y protagonizada por Bob Geldof. La banda sonora fue aportada por los siete músicos venezolanos, en sincronía con la imagen y con más protagonismo del que quizá requería el formato.

Ángel Quiñones, fundador de Sim Floyd, asegura que "nos llevó cuatro años materializar esta idea que nunca se había hecho. Decidimos luego de ver la gira The Wall de Roger Waters, hacer algo con ese material. Lo único inédito era un cince-concierto". El también integrante de la Orquesta de Rock Sinfónico Simón Bolívar detalla las dificultades para lograr el trabajo final: "la sincronización con la película, empezar y terminar con los tiempos precisos, recrear el sonido que dejó el productor y el orquestador (Michael Kamen), además de la ejecución de las canciones de unos grandes músicos que regrabaron muchas de las piezas en directo viendo las imágenes de la cinta".

Quiñones aclara que las partes orquestales sonaron grabadas aunque con ejecución venezolana. "Me tocó recuperar las partituras y con la orquesta rehicimos las piezas que se escucharán", añade el guitarrista. Orlando Zurita, productor del evento, dice que lo más complejo del montaje fue darle un sentido de experiencia sensorial, más que un mero concierto. "La parte audiovisual es básica, la calidad de imagen, que los subtítulos se lean por todos, y además el tema de iluminación y efectos porque es cine, pero es un concierto".

Zurita también está detrás de otro homenaje que ocurrirá en Caracas este fin de semana: un concierto tributo a Gary Moore. Será el domingo 1 de mayo también en el Centro Cultural BOD. En la tarima se verá un desfile de guitarristas nacionales tocando piezas del irlandés de oro que exprimía al máximo su Gibson Les Paul (y alguna eventual Telecaster). Entre ellos, Álvaro Falcón, Nicky Scarola, Rafael Sequera y Franklin Belisario, junto a otros instrumentistas.

En ese escenario habrá varias entregas del tributo a Zapato 3 en las Sesiones V-Rock (12 y 18 mayo), uno a "Leyendas del rock" -Kiss, Iron Maiden, Deep Purple, Queen y otros- por la banda Electrocirkus (20 mayo), y otro a la agrupación Toto (1 de junio). Mientras, ya se prepara un homenaje a Janis Joplin con la genial Biella da Costa. 

En el Festival de Lectura de Chacao 2016, se presentó la banda Beat3, de los mejores actos que existen para homenajear al cuarteto de Liverpool. Su presentación fue a casa llena, como la de hace semanas en la plaza Los Palos Grandes, porque la calidad del grupo es contagiosa. Por cierto, se presentarán el 14 de mayo para tocar el álbum Rock and Roll en el BOD. En el Festilectura 2016 también hubo homenaje a Héctor Lavoe. Y ya hemos visto hace poco el que hizo a Tito Rodríguez el venezolano Rafael "El Pollo" Brito.

Ahora, ¿por qué se suceden tantos y tantos tributos en una escena donde los conciertos de material original se hacen cada vez más escasos? Varias respuestas se nos ocurren. La rentabilidad de estos espectáculos, tener un público cautivo, no necesitar dar a conocer a los ejecutantes sino buscar promocionar al artista original -y aprovechar que, cuando están vivos, "nunca vendrán a este país"-, contar con un repertorio dominado por músicos que, a la vez, son fanáticos de los homenajeados. Son tan solo algunas de las posibles respuestas. Los tributos están bien, pero ojalá se correspondieran con una escena de oferta original mucho más fértil.

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