EDICIÓN IMPRESA 160 - La fiesta de Elton John


El piano de Elton John vuelve a cobrar vida, aun sin estar pintado de rojo. En el nuevo disco del británico, Wonderful Crazy Night, el instrumento corre libre dibujando melodías alegres en casi todas sus canciones. Un trabajo lleno de energía y vitalidad que muestra soltura, liberación y ánimo en alto.
Con este álbum, recién publicado la semana pasada, las habilidades del músico frente al teclado vuelven a estar al frente del proscenio, así como su capacidad para adaptar ritmos. Por ejemplo, la pieza que da título al disco, una oda al amor confirmado en un viaje al Caribe, Elton John comienza recordando el mambo de Pérez Prado y de allí comienza a construir su propia fiesta. Luego, en el minuto 2 y largo, destaca un puente que corona la ejecución.

Elton John ya tiene 69 años y 32 discos de estudio en su haber. Este larga duración además es un testimonio de fidelidad: es una nueva colaboración con el poeta Bernie Taupin, quien pone las líricas en todas las canciones, manteniendo la dupla que ha entregado canciones desde hace 48 años. Pero también participó en la grabación la banda de músicos que ha tocado con el británico en discos y en conciertos desde más de 4 décadas. Entre ellos, el guitarrista Davey Johnstone, el baterista original de su grupo Nigel Olsson, y hasta el impecable e inquieto percusionista Ry Cooper, que incorpora su desparpajo en cinco de las piezas.
El "recién llegado" del grupo es T-Bone Burnett, quien ya lleva tres discos producidos para Elton John. Bajo su guía, se grabó este álbum en apenas 17 días en Los Ángeles, mostrando la urgencia que también caracteriza el resultado. El productor trabajo en The Union (2010), junto a Elton John y Leon Russell, y luego en The Diving Board del inglés, publicado en 2013 pero dedicado a la balada.
Este Wonderful Crazy Night no ha estado lejos de la crítica. Algunos conocedores de la industria internacional alaban sus características mientras que otros señalan la poca profundidad en sus letras, mensajes incompletos y poca capacidad de crear situaciones con las que relacionarse como espectador, emocionalmente. Por ejemplo, el disco nunca explica por qué esa noche en el caribe fue tan loca o tan maravillosa. Solo lo establece y hay que creerlo.
Pero en el listado de canciones destaca una pieza escrita en primera persona por Bernie Taupin y que sí permite estudiar al personaje. Se trata de "I’ve Got 2 Wings", una minibiografía de un pastor y músico llamado Utah Smith, cuyas alas de papel que usaba en el escenario se transforman en unas reales mientras sube al cielo, luego de morir. En esa pieza hay detalles de la vida de este sujeto que, combinados con el trabajo instrumental de una pieza reposada, la convierten en una de las mejores.


También son recomendables "Claw Hammer" ­con unas trompetas de jazz al final tremendas-, "Looking up" y "Guilty Pleasure". El caballero inglés quiere fiesta, y se vistió de colores.



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