RESEÑA - El aprendizaje de Rodrigo Solo


La primera misión de Rodrigo Gonsalves con su proyecto solista fue convencer a la gente de que sí era verdad que no era música pensada ni hecha con formato, estética o sonido Viniloversus. De allí la insistencia con el Rodrigo Solo. Hace algún tiempo nos comentó que el cambio (temporal) de su nombre era una manera de filtrar a la audiencia, de entrada.

Ahora que su disco No estás solo se puede comprar y escuchar, no es poca cosa lo de remarcar tal distancia. Esta no es la música de un rockero, de quien se cruza al pecho su guitarra Eastwood Airline Map y castiga las cuerdas mientras suda copiosamente. Es la de un artista que busca explorar nuevas carreteras, sensibilidades, tonalidades vocales y experiencias grupales.

Alejado del rock y más cercano al jazz y hasta a la bossa, Rodrigo suena no confiado sino inquieto, con ganas de aprender haciendo, y también de aprender escuchando. En la canción “Mi mejor defensa”, por ejemplo, opta por solo cantar durante el primer minuto y desaparecer para entregar la pieza a la trompeta de Linda Briceño y la voz de Alissa María. “Para tener la mejor pieza el compositor a veces tiene que poner el ego a un lado”, nos explicaba hace poco.


Este es quizá el trabajo más personal, íntimo y vulnerable del vocalista de Viniloversus. Un álbum hecho en medio de cambios personales profundos, mientras Viniloversus se repensaba. Juan Vïctor Belisario se mudó a Barcelona, España, y Orlando Martínez comenzó a explorar el arte visual. No era la primera vez que Vinilo estuvo frente a la encrucijada de caminos separados.

Pero además, coincidió con su matrimonio con su novia de hace 8 años, Marcia Arocha. “Tuve que coser mi boca con tus alfileres/Solo porque tú eres/Solo porque tienes todo”, recita Rodrigo en el tema “Alfileres” donde se declara sortario de contar con ese alguien. Es un tema dedicado a su esposa, con quien se casó pronto porque entendió temprano que pasaría el resto de su vida buscando conseguirla en otros rostros.

Otros títulos de esa valoración intimista son “Singular plural”, “Nube negra”, “Lávate la cara” y “Atropa Belladona”, siempre con guitarra acústica y una paleta de sonidos expansiva donde juegan metales, percusión precisa y hasta sintetizadores cual pinceladas.

El tema “Tal vez no se hunda el barco” encuentra al compositor con el país al borde del abismo. A medio camino entre esperanza y advertencia, y siempre con condicionales donde “si algún día nos logramos balancear” el barco/país pudiera sobrevivir al temporal que califica en el tema como “una sátira constante y dividida”. El aporte del resto de Viniloversus y de la trompeta de Linda Briceño es justo y necesario en esta pieza que neccesitaba ese ruido, esa urgencia, esa suerte de fiesta cual orquesta del Titanic que, en este caso, sí prevé el destino.

“Yo no quiero ser de los que está gritando que nos vamos estrellar. Prefiero apuntar el dedo al capitán, decir qué no sirve, echar agua pa’fuera, sumar y no restar”, nos dijo sobre la canción, el disco, y su propia partitura.

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