ENTREVISTA - Tweety Gonzalez: Un Quijote moderno contra molinos 2.0


Un jueves muy frío pero de sol, los de IndieHoy llegaron a Villa Urquiza en busca de los estudios El Pie, en Argentina. Los míticos estudios por los que supieron pasar décadas enteras de la historia de la música argentina. Pero no es el estudio lo que buscaban, es a Tweety. Por sus manos han pasado artistas consagrados y nuevos en busca de un sonido. Un concepto.

Así comienza el relato/entrevista con uno de los productores argentinos más cotizados.
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Una fachada azul y un perro nos reciben. Ya llega. Es que Tweety Gonzalez se encuentra promoviendo su nuevo sello independiente Twitin Records desde el cual está emergiendo una nueva camada de artistas de gran calidad. Para promocionarlos fue que se creó el ciclo Mixes en la Usina del Arte en La Boca. La sala de mezcla parece la estación de mando de la Enterprise, desde la cual un capitán muy lúcido está abriéndose paso en una industria sumida en el caos.

Tweety no se guarda nada: Desde el descreimiento en Tidal a la situación actual de la música. Desde la gran efervescencia creativa argentina, hasta el rescate de la música del interior del país pasando por el casi nulo lugar de los artistas emergentes en los medios. Temas muy complejos y polémicos que no pueden ser tratados a la ligera como el lugar de la música en la cultura actual merecían espacio y tiempo. Esta es la primera parte de una extensa entrevista con una de las leyendas de la música que guarda la ciudad de Buenos Aires. Trabajando desde detrás del vidrio, en el corazón de un barrio extremadamente tranquilo:

Un Quijote moderno luchando contra molinos 2.0.

¿Cómo surge éste ciclo?
Básicamente el ciclo fue una propuesta de Gustavo Mozzi de la Usina del Arte. Fue inmediatamente al otro día de que salió una nota muy larga que me hizo Yumber en Página 12. La leyó, se copó, me llamó y me la ofreció de una. Me asombró porque no era una fecha sino cuatro. 

Hablemos de los artistas del sello. Creás un sello virtual y seleccionás a estos artistas. ¿Por qué ellos? ¿Qué fue lo que les viste?
No fue muy planeado. No fue primero hago el sello y después salgo a buscar los artistas. Las dos cosas se fueron dando muy de la mano y paralelamente. El sello nace por dos cosas: Primero por la necesidad de tener alguna vía de edición discográfica en la era post disco. Me pasó muchas veces de estar haciendo discos, produciéndolos, sobre todo a gente muy querida o amiga sin después saber al terminarlo quién lo iba a sacar. Me pasó con Richard Coleman por ejemplo. Estuve un año y medio buscando quien saque su disco. Ahí me sonaron todas las alarmas: La puta madre, si a un músico como Coleman le cuesta un año encontrar quién le saque un disco -que encima el que lo sacó no es del palo y era un delincuente total-, ¿qué queda para los artistas más nuevos? Una mala suerte total, no puedo hacer más discos por placer. A mí me gusta el camino del disco. Disfruto cuando me gusta mucho el artista, disfruto mucho de hacer el disco, pero después me gusta que la gente se entere del mismo. Entonces, tener un sello -por más que sea digital y chiquito- también solucionaba un poco eso y me simplificaba el trámite.

Lo que otrora fuese la distribución.
Claro, es una distribución digital. Estamos en un país donde no hay una cultura de comprar música digital. No existe. Pero la música es para siempre. Me parece que en algún momento va a existir algo o va a haber nuevas plataformas o algo va a pasar y la música ya va a estar ahí, dentro del sello. En algún momento se puede revertir la cosa.

¿Se puede decir entonces que tenés fe en que el mercado de alguna manera se va a rearmar en base a lo digital? Porque al día de hoy es una especie de caos.
Sí lo es y se suma a eso que no hay una cultura digital. La gente paga, no sé, una Coca Cola a veinte mangos y no te paga diez pesos una canción que es para siempre. Es muy injusto. Es bastante argentino eso. Yo acabo de venir de México y es más normal la cultura digital.

Sin embargo en el Streaming -que es la reina del negocio en lo digital- lo que se paga por canción es irrisorio.
Es un insulto. Es para poder decir “Pago”. Pero es tan poco que mejor no me pagues nada.

¿Cómo asumís vos esa contradicción de saber que te van a pagar miserias pero sin embargo decidís estar ahí?
Es un poco el Hay que estar. Hay bastante de eso. Por ejemplo, yo estuve en un comité de los Grammy Latinos. El comité se encarga de reclasificar un disco cuando llega a sus manos. Si vos lo metiste en Pop, o lo registraste en Pop, el comité se encarga de ver si realmente sos Pop. Si el comité no conoce al artista, ¿qué es lo primero que hace? Te busca en iTunes. No estar en iTunes -para un tipo que vive en Miami- es sinónimo de no existir. ¿Por qué no estás en iTunes? Cualquiera puede estar hoy, no hay tanto misterio. El no estar ya te convierte para ellos en casi un amateur. Estar te legitimiza. De la misma forma que aunque no se vende un disco necesitás tener copias físicas. Para hacer prensa el disco sigue siendo una herramienta necesaria. El problema es que no podés fabricar menos de mil porque son muy caros. Ya mil es caro, quinientos es aún más caro. Luego vas a tener ochocientos discos que los vas a vender en cuatro años de a dos discos por show. La gente no quiere comprar discos.

En la cultura de consumo actual la música ha caído al terreno como una mercancía más, comparable con un chicle en un kiosco. Esta pérdida ha convertido a la música en algo meramente funcional casi sin valor. ¿Por qué crées que pasó?
Porque no la pagás. Ahora con el streaming se cortó un poco el tema de la piratería, ya no hay tanta piratería como antes -aunque sigue existiendo- pero lo peor es que ya creaste una generación así. Yo tengo un sobrino de 22 años que el día que apareció iTunes Argentina, lo llamé a él y a mi hermano y les dije “Che, hay iTunes. Ya pueden comprar la música, no hay más pretextos” ¿Sabés lo que me dijeron? Ni en pedo. ¿Entendés a lo que voy? Les dije: Vos no sos más mi sobrino y vos no sos más mi hermano. Gente así me está robando a mí y le está robando a mis colegas.

¿Vos decís que hay una generación que tiene legitimado que la música no tiene valor?
¡Exactamente! Pasa lo mismo con el cine y ya no pasa ni siquiera por el costo. Gente con un poder adquisitivo del carajo se compra las películas truchas en el mantero de la cuadra. Porque se creen que es un gran negocio ahorrarse esa platita. Porque existe la opción. Si vos al consumidor le das la opción de hacerlo gratis, lo va a hacer gratis. Esa es mi gran pelea con Taringa y toda esa gente que le hicieron muy mal a la industria. Más de lo que se ve. Deformaste una forma de vida prácticamente y legitimizaste algo que no es legítimo. Hablo de la masa, no hablo del melómano. Para un tipo que la música es como la televisión, a ese tipo lo perdiste.

¿Hay manera de recuperarlo?
No creo, no soy tan optimista. Creo que quizás con un gran trabajo educativo en los pibes más pendejos. En el under quince. El tipo que todavía no fue a un recital. A ese lo tenés que llevar a un show. Yo tuve mi primer recital a los 15 años y hay chicos de 23 que nunca en su vida fueron a uno. No saben lo que es y no les interesa, esa es la parte más fea. Me encuentro hablando con pibes de 20 años y diciéndoles yo cuáles son las bandas nuevas. Cuando ellos me las tendrían que estar diciendo a mí. Es raro. Cuando yo era chico el más piola era el que más bandas deformes conocía. Al día de hoy eso no tiene valor ninguno. Sos el rarito de la clase porque no te gusta la cumbia.

Este tipo de lógica permite que lo que gane terreno sea otro tipo de música, más funcional.
Sí, la música para divertirse. Si vos le preguntás -a un chico de 20 años- qué tiene que tener un video de YouTube para que lo vea te va a decir que tiene que ser divertido. ¿Por qué todo el arte tiene que ser divertido? ¿Quién dijo eso? ¿Dónde está escrito? Entonces entramos en eso, que los americanos lo tienen muy claro, que es el entretenimiento. El entretenimiento copó todo y el arte quedó contra la pared. Eso y el exitismo. El “si no te conozco no sos nadie”. Porque todos le dan con un palo a Tan Biónica pero tienen diez años de carrera. Hace cinco años era una banda como hay miles. A mí me llegaban los mails de sus shows y eran en lugares chiquitos. Y bueno, no tengo nada contra ellos. No me compraría un disco pero tampoco me las agarro con los monos. Me la agarro con Agapornis que es un invento de cuatro mogólicos, con perdón de la palabra, rugbiers. Que no son músicos, no son del palo. Que les salió de casualidad con un tuje así.

Si bien hay un panorama nefasto a grosso modo, hay como destellos de una escena emergente que se opone a eso.
No es creativo el problema. Creo que cada vez hay más, sobre todo en el indie y en el under. Pero no les encontrás un nicho de público. A mí no me desespera que el Indio meta 100 mil tipos. ¿Sabés por qué no me desespera?  Porque esos 100 mil tipos jamás entenderían la otra música. Entonces los ignoro. No lloro por tener esos 100 mil tipos. Ni que les regale la entrada lo van a entender.

Aún así me decís que sin embargo hay que estar.
También puede pasar algo como el anti-movimiento. Digamos, una resistencia que emerja en algún momento. Yo tengo 51 años y cuando era chiquito vi el nacimiento del rock nacional. Te lo ejemplifico, la primera vez que escuché Almendra fue dentro de un compilado que se llamaba Sótano Beat. Sótano Beat era un programa de televisión en el que estaba Fernando Bravo. En el compilado estaba Almendra y Manal pero también estaba Banana que era lo más comercial y horrible del mundo. El rock nacional salió medio que a ponerle los puntos a esa música, a decir: Podemos hacer música sin hablar siempre de lo mismo, de las cosas más obvias y ser más experimentales, de buscar más arte.

En los ochenta pasó algo parecido.
Exacto. Yo confío en eso, lo que no veo es un público. Confío que la escena quiere eso y todos hablamos de lo mismo y nos quejamos de lo mismo. Pero no encuentro a la gente.

Y un movimiento sin público ¿de qué sirve?
¡Claro! Quizás te ilusionas cuando vas al Music Wins. Son todas bandas de culto, así como re indies, y mirás y decís: Ah, mirá, 20 mil personas que bueno. Pero tenés que hacer todo un escándalo para que pase y son los 20 mil snob porteños los que van. Porque hay que ir sino no sos snob, no sos del palo y no sos cool. Hay mucho de eso también.

¿Y eso puede jugar un poco en contra de lo que son los movimientos locales?
Bueno, por eso yo distingo y rescato mucho a la música del interior. La separo radicalmente de la música porteña. Los mejores discos que hice en los últimos 5 años son de chicos del interior. No son capital.

¿Y cómo son las escenas allá?
Son más cooperativas, todos ayudan. De hecho está Discos del Bosque que todo lo que hace me encanta. Todo tiene algún punto de conexión que creo que es el estándar de calidad. Es alto. Son todos pibes que estudiaron música, ningún improvisado. Muchos de la Escuela de Música Popular de Villa María. Todos tienen un rango de edad que está entre los 33 y 23 años. Mendoza también tiene al Colectivo Submarino que está muy bien. Bueno yo hice acá el disco de Leandro Laserna. Todos los chicos que tocan con él tienen sus proyectos y todos tocan con todos. Al ser todo más chiquito, no existe el snob porque te dan una cachetada. Todos se conocen y todos colaboran. Tampoco hay tanta oferta cultural.

¿Y en cuanto a público?
Ahí zaparía si te contesto algo muy exacto. Me parece que proporcionalmente -para la cantidad de gente que vive ahí- hay más público que acá. Quizás la cantidad es la misma pero para lo chicos que son los pueblos y las ciudades me parece que son más en proporción. También estamos en un momento en el que hay más oferta que demanda. Y en la oferta hay de todo: Hay mediocre, amateur, profesional, semi-profesional, malo, buenísimo y excelente y todos salen por los mismos medios. Nadie habla de esa saturación de oferta.

Esto genera lo que se conoce en comunicación como buzz, ruido o saturación de mensajes. ¿Cómo se palea eso?
Creo que la tarea de ustedes (los medios especializados) es muy importante. Creo que la gente que está en los medios tiene que ser más picky. Es una palabra que me encanta. Más puntual y puntillosos. Ayudar mucho a lo que realmente le ponen fichas, remarcarlo. A veces, cuanto más popular es el medio, más se aleja de ese concepto. Ese es el problema. Por eso rescato mucho los medios de nicho. Yo sigo mucho, sobretodo medios de internet, que son así. No son los populares. Ahí es donde me entero de cosas. Sigo mucho El Parlante Amarillo, que es de Colombia pero que cubren todo el continente de punta a punta y te dan una información buenísima. No es aburrido porque parece un programa de televisión. Está super bien hecho y hace años que están. También está Club Fonograma que es un pibe en el medio de Estados Unidos que hace críticas de discos en inglés para los latinos cool -o más modernos- que viven allá. Me nutro mucho de ahí. Está Banda Elástica, que ya no sale más en papel, pero fueron de los primeros en el Latin Alternative, como le dicen ellos, de importancia. Igual me asombra que después de tantos años no hayan crecido lo que yo esperaba que crezcan.

Esa puede que sea el arma de doble filo de los nichos. Si te concentrás mucho en algo corrés el riesgo de convertirte en un ghetto. Si el resto no cambia terminás aislado.
Pero también va todo medio atado. Yo no veo artistas populares que recomienden artistas nuevos. Ya parece a propósito. Pareciera que tienen miedo. No veo ni siquiera a los medios, parar al Chucho de los Decadentes y preguntárle: ¿Qué banda nueva escuchás? Quizás no escucha ninguna, lo más seguro es que no escuche a ninguna.

¿Antes eso no pasaba?
Yo me acuerdo de haber hecho cuatro obras con SodaMartes Menta, Babasónicos y todas bandas nuevas. De ahí la única que sobrevivió fue Babasónicos. Gustavo (Cerati) era el primero en apoyar. Leo García le debe su primer disco a él que le consiguió el contrato. Pero Gustavo era ya él así. Moderno significaba también estar con lo moderno, no hacerse. Poner y jugártela. La despedida de Soda del ’97 tuvo a tres bandas soporte una elegida por cada Soda. Eso ya no lo veo. Una de las razones por las que creo que ya no pasa es porque hay un negocio que se llama SADAIC. Si vos ponés una banda soporte tenés que compartir tu SADAIC o sino tenés que decirle a los pibes: Che, tocan pero el SADAIC nos lo tienen que devolver porque las entradas las cortamos nosotros. Eso genera una incomodidad. Entonces deciden: No, mejor nadie. Falta un compromiso del tipo que ya tiene la marca hecha. Parece casi a propósito que no quieren que haya marcas nuevas. Empiezo a pensar eso porque nadie habla de las bandas nuevas.

Es cierto que es raro encontrar menciones a bandas nuevas en artistas consagrados.
Ojo, Aristimuño, por ejemplo, que ya es otra camada y que no es tan masivo. El tipo tiene una cosa que se llama Música sin fines de lucro en donde selecciona demos que le mandan todos los meses y lanza una lista con recomendaciones. Es la excepción a la regla.

Volviendo al tema de la era digital e Internet como arma de doble filo. Recuerdo cuando Radiohead sacó el In Rainbows por su web a donación y que le fue muy bien parecía que el futuro estaba ahí.
Pero pará, no los pongas en la misma conversación que estamos teniendo. Porque te olvidás de una cosa: Ellos lo pueden hacer porque la marca ya está hecha. Una vez que la marca está metida hacés lo que se te da la gana y te va a ir bien. El tema hoy es hacerte un nombre. Eso es lo más difícil para una banda nueva. En Argentina, tardás de 7 a 10 años. En México son dos discos. Son 3 o 4 años. Es más normal.

¿Crées que la idiosincrasia local tiene que ver?
Sí, mucho la idiosincrasia local. Mucho el Si vivís al lado de mi casa no podés ser bueno o el Si no salís en la tele sos un boludo. Yo lo viví con el portero de mi primer departamento de soltero. Yo era el quilombero del edificio: Ruido, música y puteándome con todos los vecinos. Todos, hasta con el portero. Un día aparecí en la tele. Al otro día el portero me dice: “Che, qué bueno lo que tocaste ayer. Che, me tirás un disco” y yo “¡¿Cómo?! ¡¿Ayer me puteabas y ahora me decís que toque más fuerte y que te gusta lo que toco?!”

Todavía hay una legitimización a través de la televisión.
Claro, si no estás en la televisión no existís. La televisión todavía tiene un gran poder en la gente. Los tipos de la televisión te dicen que la música en la tele da pérdidas, no da plata. Esa es una frase muy de la gente de la televisión cuando les vas a hacer una propuesta para un programa de música. Me pasó tres veces. Y algo de verdad debe de haber porque no hay nada. En cable tenés algo, pero en lo que es televisión abierta no quieren saber de nada. Y yo crecí con Badía y Compañía. Yo era sonidista del programa. Años ’85 y ’86. Me curtí ahí y eran ocho horas de música en vivo.

Sin embargo al día de hoy los programas de música en vivo escasean.
Es muy raro. Y cuando hay son los mismos de siempre. Está Encuentro en el Estudio, que está genial, pero llevan siempre a los mismos 20 conocidos. Está bien, los metés en unas condiciones técnicas que son top, genial, pero estaría bueno mechar.

¿Es todo parte de la misma ausencia de apertura hacia nuevas bandas o artistas?
La prueba te la dan los Premios Gardel. Los Premios Gardel se dan por televisión a todo lo que es mainstream. Pero a las 3 de la tarde en la Confitería Ideal, para doscientos tipos, el resto de los premios. En esa tarde, en la Ideal, se dedicaron 20 minutos de homenaje a Hugo Piombi. Piombi fue uno de los dinosaurios de CBS, con 55 años de carrera, que si ves los artistas que él firmó, Sandro, Sergio Denis, todos, es como para decirle: ¡Vos sos el culpable del mal gusto argentino! 20 minutos se le dedicaron a ese tipo. A Gustavo Cerati, a la noche y por televisión, apenas una mención de 10 segundos. Está todo dado vuelta. Volvimos 20 años para atrás de golpe. Cuando parecía que todo venía bien, CRACK, volvimos para atrás.

Es muy difícil de revertir eso dada la lógica del sistema en la que estamos.
Pero entonces a mí me da bronca que un tipo como Raffo, con el poder que tiene, salga a decir que la crisis es creativa de los músicos. ¿Por qué no sale en la tele a mostrar nuevos talentos con el poder que tiene? Te la perdiste. Después dice que no sabe desarrollar artistas. Vos vas a una compañía grande y te preguntan cuánta gente metés. Te dicen que les vayas a hablar cuando metas 500 personas. El trabajito más pesado que es el desarrollar artistas hacételo vos. El trabajo duro te lo dejan a vos. Ellos tienen herramientas para desarrollar artistas, no las quieren usar. ¿Por qué le dan más fuego al que ya tiene fuego? ¿Para qué querés darle un premio a Lali Espósito si ya se la lleva toda? ¿Cuánto le va a cambiar en la facturación? Nada. En cambio a un artista nuevo, le cambiás la vida. No por el premio, no me importa quién gane o no, me importa la visibilidad que te da.

Lo que hablábamos hoy sobre la legitimización.
Ahí tenés el programa de Jools Holland. Vos ponés el programa de Jools Holland y está desde Ringo Starr a una banda que no la conoce ni Mahoma o una banda mexicana.

Pero entonces eso de que la música no rinde en televisión es algo local porque Jools es un programa histórico y de gran audiencia.
Sí, tiene veinte y pico de años. Depende de cómo muestres la música. Si la mostrás mal o mostrás siempre lo mismo no va a rendir. Ojo, podés mechar, yo sé que hay una necesidad comercial. Todos la tenemos, no me voy a hacer el hippie, pero mechame. Mechá y creá contenido a futuro. Porque algún día esa gente se va a morir. Por eso también, y voy a hablar de un sello colega, me parece que la movida de Geiser es bastante piola. Es toda la misma compañía que fomenta y trabaja con los artistas dinosaurios, con tipos de sesenta y pico de años. Pero saben que esa gente algún día se va a morir, retirarse o va a parar. Necesitan renovar. Eso me parece valioso.

¿Y cómo ves tus primeras armas como sello?
Dificilísimo. Ojo, no es la primera, prácticamente es la cuarta experiencia como sello que tengo. La diferencia es que esta vez lo controlo completamente yo. El primer sello que tuve se llamaba Go Music, era un sello con Marcela Chediak. De ahí salió Zona Púrpura, que era la banda de Guillermo Vadalá. También salió Ariel Leira que me lo compró Universal por muy buena plata. Hubo una época en la que se firmaba mucho. Que te encontrabas con un Pelo Aprile y te decía que mañana te daba un cheque por 50 mil dólares por tal artista. Una época de mucha plata. Después tuve un sello en Los Ángeles al que fui a trabajar para ellos. A fines de los ’90 hicimos un sello de música electrónica con Charly Alberti que se llamaba URL Records. Ahí sacamos a AudioPerú y mucha música electrónica de avanzada. Fue en la época que empezó la curva que fue la piratería. No se vendían discos. Aún así vendíamos unos 300 o 400 que hoy sería una gloria llegar a esos números.

Hubo un repunte en el mercado de vinilos pero es un nicho muy pequeño que para la gran mayoría de la gente no existe y el streaming te da monedas.
El soporte streaming para mí tiene una doble lectura. Podés decir que paga poco pero a la vez te da mucha visibilidad. A mí que Spotify me apoye y me ponga un banner de un artista nuevo me sirve para la carrera del artista. Que te paguen poco es una parte comercial del negocio, en números tangibles, que un contador te putearía por hacerlo. Pero globalmente, como dice David Byrne en su libro: “Vos para llegar a tener 15 mil dólares por año de ganancia por streaming necesitás 234 millones de views. Pero vos el día que tengas 23, ponele 2300 dólares de views, te vas a olvidar de lo que te están pagando porque eso te va a permitir otras cosas”. Te va a dar shows y la plata va a entrar por otro lado. Es por eso que yo miro todo, no miro nada más que los números. Sería muy nazi solo mirar eso.

Sin embargo hubo muchos artistas que se retiraron de Spotify y abrieron uno nuevo, Tidal. ¿Qué pensás al respecto?
Paga el doble. Es de Jay-Z y no les creo tanto. Son los mismos tipos del mainstream que intentaron encontrarle la vuelta con mucha billetera. Y con mucha billetera todos somos campeones.

iTunes también sacó algo nuevo.
Sí y es todo un quilombo porque no piensan pagar nada.

¿Por dónde creés que pueda llegar a derivar esto?
Si lo supiera estaría más tranquilo. No tengo idea. Creo que también falta gente más creativa del lado de los escritorios. Algo como por ejemplo: Vos pagás una entrada a un show X plata de service charge. Supongamos 30 o 50 mangos. ¿Por qué no con esa plata le das la bajada legal de una canción o dos o una canción por cada entrada que compra? Cruzar negocios.  Cruzar unidades de negocio, mecharlo, hacer que el tipo te compre con las entradas. Hacer que la difusión de la música sea “a la fuerza”, digamos. Que se meta en un paquete de cosas que vos comprás. Está bueno por ejemplo lo que hacen los sellos nuevos que hacen vinilos: El vinilo te viene adentro con un cupón que te permite bajarte el disco digital para que no gastes el vinilo. Porque el vinilo es muy lindo pero se gasta. Es más un objeto de colección y a la quinta vez que lo escuchaste ya tiene ruido a púa, es indiscutible. También hay que ver donde lo escuchás porque tampoco es para cualquier equipo. Qué púas tenés. Una púa a veces es más cara que la bandeja misma. Hay púas de 40 dólares hasta de 4 mil. Y equipos de 20 dólares a 2 palos verdes.

Claro, es un lujo que no todo el mundo puede darse  y que le juega en contra a su masividad.
Pero igualmente es lo que levanta en las ventas cada año. Es el único producto discográfico que cada año se vende más. De hecho hay rumores de que va a abrir una fábrica de vinilos en Argentina dentro de poco Laser Disc.

Incluso el mp3 ha ido en picada con el streaming.
Sí, claro. Es que es lógico. ¿Para qué vas a bajarte algo que lo podés escuchar desde una plataforma desde cualquier lugar, sin almacenarlo? El tema es que pagan muy poco.

¿Pero hasta donde esto también no juega a favor de que la música exista simplemente como algo funcional alejándola de lo que era una especie de ritual? Eso de sentarse a escuchar un disco.
Eso desapareció. Hay gente que no sabe qué es eso. Hay gente que no tiene idea de lo que me estás preguntando.

¿Se puede decir que estamos yendo hacia un mercado de singles más que de discos?
Ojo, en el principio de Los Beatles también fue así. Los Beatles no hicieron un disco hasta tener como cinco singles. En el principio de los sesenta era así. Es como estar volviendo para atrás, estamos empezando de vuelta.

Sabiendo que hay una crisis con el concepto álbum. ¿Cómo encara un artista hoy el hacer un álbum?
A mí no me cambia en nada. Me la frega. No me dejo influenciar por las tendencias del mercado. Pasado a términos más técnicos es como cuando estás mezclando y pensás: “¿Cúanto tiempo más le pongo a esto si igual la gente lo va a terminar escuchando desde el teléfono?”. Pero a la vez va a haber UN tipo que lo va a escuchar en un equipo de audio de la puta madre. Yo laburo para ese tipo. El que lo escucha en el teléfono que se joda, él se lo pierde. No me voy a preocupar por la cagada que se manda. Me cansé de quejarme, el avivar giles ya está. Sos un gil, quedáte ahí. Comprate un jean más barato y compráte auriculares. Hoy por hoy yo laburo para el melómano, para el tipo que le interesa. Existe todavía y a ese tipo yo lo respeto más que nunca.

Es la base de la resistencia al día de hoy.
Es que desaparece todo si no. Si vos te das por vencido y todos nos damos por vencidos, retirémonos y vendamos panchos. Mi afán, sobre todo con el sello, es tenerlo para seguir haciendo las cosas que me gustan. No vivo del sello ni creo que algún día llegue a vivir. Es como un gusto personal. Yo hago muchos discos por año, estos que son mis elegidos y están libres de contrato, voy a tratar de canalizarlos por el sello. Quizás haya otros que me gusten mucho pero ya tienen su camino hecho y va a haber muchos discos que produzca que no me gustan, pero son los discos en los que gano más plata. Y esos me bancan los discos que me gustan mucho. Medio a lo Robin Hood. Mucha gente me critica porque agarro todo lo que me tiren. Y sí, agarro todo porque todo me sirve. O me sirve para darme un placer o para facturar y después darme un placer con otro disco. Soy un profesional y vivo de esto, no puedo hacerme el exquisito. Ojalá llegue el día en que pueda.

Debe ser incómodo hacer un disco de una banda o artista que no te gusta.
Tampoco la palabra es que no te guste, no lo sentís o no estás identificado con ese tipo de música o no ves que tengan el compromiso que deberían de tener. Quizás la música está decente pero la banda no está comprometida, la incomodidad viene por distintos factores, pero te pagan lo suficiente para después hacer un disco como los de Twitin en donde pongo plata. Esa plata de algún lado vino. Se autofinancia así la cosa. Con lo que no te gusta tanto, odio la palabra no te gusta, con lo que no estás tan cómodo, con lo que no sentís, que te sirve para hacer los discos que si sentís.

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