ENTREVISTA - Mumford & Sons: del banjo a lo desconocido


Con su nuevo disco Wilder Mind, que puedes escuchar AQUÍ, asumen nuevos caminos estéticos, y lo defienden en esta entrevista de Rolling Stone.
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Cuando el bajista de Mumford & Sons Ted Dwane apareció a principios del año pasado en su estudio londinense para comenzar a trabajar en su tercer álbum, se encontró con una sorpresa: una sala llena de sintetizadores. “Fue muy raro”, dice: “No es que esperara hacer lo mismo otra vez, ¡pero esto era una locura!”. En su nuevo álbum, Wilder Mind, Mumford & Sons han eliminado casi en su totalidad sus elementos característicos –banjo, guitarras acústicas, bombo retumbante– y los han reemplazado por guitarras de tamaño U2, sintetizadores, mellotrones cósmicos e incluso cajas de ritmos. “Nos parecía que hacer lo mismo, o con la misma instrumentación, no va con nosotros”, dice el líder Marcus Mumford: “Tenemos un gusto musical más amplio”. Y Dwane añade: “Ninguno de nosotros teníamos interés en hacer Babel 2. Debía ser algo diferente”.


Cuando se acercaba el final de la gira de su último disco, Babel (2012), Mumford & Sons estaban exhaustos; llevaban en la carretera desde 2007: “Te invade un agotamiento en lo más profundo de los huesos que casi ni te das cuenta de que está ahí”, dice Dwane. Pero no era sólo fatiga física: también se sentían inquietos musicalmente. En las pruebas de sonido empezaron a improvisar con duros instrumentales y canciones de Radiohead.

Tras un parón de tres meses, el grupo se dirigió al estudio de Dwane, hasta que el pasado verano se fueron al del guitarrista de The National Aaron Dessner, con quien habían trabado amistad en el circuito de festivales. Dessner trabajó de manera ocasional con el grupo mientras componían y experimentaban en el pequeño estudio de 38 m2 situado en un garaje en el barrio residencial de Brooklyn de Ditmas Park. Las sesiones se alargaban a veces hasta las 4 de la mañana, con parones para ver partidos del Mundial de fútbol. “Yo estaba impresionado viendo a este grupo que ha sido cabeza de cartel en festivales gigantescos tomar algo en la cafetería del barrio y hacer maquetas en ese garaje enano, como si empezaran de nuevo”, dice Dessner.

Al principio, Dessner tenía dudas sobre la nueva dirección. “Me parece abrumador cambiar cuando estás en ese nivel de éxito”, dice. Pero luego, una húmeda noche de agosto, estaban bebiendo unas cervezas donde Dessner cuando Mumford insistió en que grabaran un tema todo el grupo juntos, en directo en el estudio, sin overdubs. Todo pareció encajar con el grupo dándole durante varios minutos: Winston Marshall tocando una Gibson eléctrica de caja hueca, Lovett filtrando su sintetizador por pedales de delay y Mumford tocando la batería y cantando. “Había una especie de extraña magia en el aire”, opina Dessner: “En ese momento ya no me daba miedo que fueran a enchufarse”. Más tarde, durante las sesiones de grabación, Dessner sugirió que añadieran banjo a una canción. “No coló en absoluto”, dice.



Aunque Marcus Mumford había escrito la mayoría de las letras en los álbumes anteriores, en esta ocasión todo el mundo contribuyó. “Los chicos llegaron con un montón de letras increíbles que me parecieron muy divertidas de cantar”, dice Mumford. “Fue una experiencia bastante liberadora, disfruté mucho de cantar letras ajenas”.

Tenían mucho material para extraer de la realidad. Desde que salió el disco anterior, tanto Dwane como Marshall han terminado largas relaciones sentimentales, y la confusión y el desamor definen temas como "Believe" y "Only love". “La mitad de la banda viven felices matrimonios”, dice Dwane entre risas, “y la otra mitad ha ido en la dirección opuesta, la de la solitaria existencia del soltero”.

Dessner no pudo estar hasta el final del proceso, porque debía girar con The National, pero cuando Mumford & Sons entraron en los AIR Studios de Londres con el productor James Ford (Haim, Arctic Monkeys), tenían unas 40 canciones listas para grabar. Mumford y Ford compartieron la batería y el grupo expandió su sonido alrededor de los nuevos teclados de Ben Lovett y la guitarra solista empapada en reverb de ampli Marshall. “Cualquiera podía coger un sinte, una caja de ritmos o una guitarra eléctrica y simplemente crear. No se descartaba nada”, dice Mumford.

A medida que la banda añadía más y más instrumentos, la moderación llegó a ser fundamental. “Hay más espacio en este disco que en los dos anteriores”, señala Mumford: “Pones un álbum de Old Crow Medicine y no hay mucho espacio, pero si escuchas uno de Led Zeppelin llegas a percibir de verdad ese espacio”.   

Ahora, Mumford & Sons están preparando las canciones para el directo. Su gira de verano incluye encabezar el BBK Live en Bilbao (del 9 al 11 de julio) y varios de sus Gentleman of the Road Stopover Shows, en los que toman una localidad fuera del circuito habitual y preparan un festival de dos días. Con su nuevo gran sonido, ¿buscan ser un grupo de estadio? “No lo sé”, dice Dwane: “Sinceramente, aún nos estamos haciendo a la idea de que vamos a tener que montarnos en un avión y actuar fuera de Londres. Así que ya veremos”.

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