EDICIÓN IMPRESA 133 - La inflación no perdona ni a los músicos

Edición impresa publicada en el semanario TalCual / Del 5 al 12 junio 2015 
La crisis se está llevando por los cachos a la industria musical local, de por sí discreta. Esta semana, en una conversación informal con Alberto Arcas, el vocalista de Okills, conversamos sobre la publicación de su nuevo trabajo discográfico, titulado América Supersónica. Publicar es algo titánico. Suena simple pero no lo es. 

Arcas nos comentaba que, como mero ejercicio, se pusieron a sacar los verdaderos costos de haber hecho ese disco y cuánto debería ser su precio en etiqueta, en su versión en físico, en una discotienda. El resultado los dejó locos: 5.800 bolívares por unidad. 

Por supuesto que el material no se está vendiendo a ese precio, ni de lejos. Se vende en www.cusica.com por 600 bolívares apenas. De hecho, la publicación del álbum en físico alcanzó tan solo a 500 copias. Ya sabemos que el consumo de música apunta a lo digital, el formato dominante en este siglo 21. Pero 500 ejemplares nada más... imagínense. Un gran total de 300 mil bolívares, suponiendo que se vendieran todos. Es decir, el equivalente a casi 52 discos al precio "real" calculado por la propia banda. 

Mauricio Arcas, Maurimixx de Los Amigos Invisibles, fungió como productor de América Supersónica. A él le hicieron un pago en dólares único para llevar adelante el trabajo. ¿Regalías? Ni soñar. Claro que el disco no se puede vender en dólares. Ni que fuera un carro Ford. 

Es el tema de nunca acabar en la producción musical, aquí, allá y acuyá: los costos de producción versus los de comercialización. La banda Charliepapa acaba de editar su nuevo álbum Y/O, y lo venden en físico por 1.500 bolívares. Suena a mucho, pero quizá no lo es. Vaya al cine y saque cuentas de cuánto puede hacer con ese mismo monto. 

Comprar un disco es pagar no solo un producto y su hechura, sino el valor intelectual que conlleva en lo artístico. Por eso los músicos saben que remar contra la corriente en Venezuela es agotador. No pocas agrupaciones se han ido. Otras preparan una internacionalización forzada. Y algunas más se separan no por "diferencias creativas" ni porque "el tiempo de la banda se agotó", sino porque sus integrantes se van demasiado y no siempre coinciden en el destino. La emigración lleva a las personas por caminos insospechados y muy personales. 

Mientras tanto, las que se quedan luchan por seguir haciendo música, a pesar de retrasos y complicaciones. Laura Guevara, por ejemplo, lleva anunciando su CD debut desde 2013... y nada que llega. No es porque no quiera, sino que la inflación también ayuda a desentonar.

Nada fácil cuando la impresión de un lote pequeño de discos en tecnología optiláser puede salir por 200 mil bolívares. 

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