EDICIÓN IMPRESA 130 - El rock tempranero

Edición impresa publicada en el semanario TalCual / Del 15 al 21 de mayo 2015 

El 23 de marzo de 2012, hace tres años, mataron al manager de Caramelos de Cianuro Líbero Iazzo. El suceso conmocionó al medio artístico, a la movida del rock e impactó la vida nocturna de la capital.

Al día siguiente de ese homicidio, en la Plaza La Castellana se armó una reunión informal entre músicos, productores, técnicos y periodistas involucrados en la escena local del rock. Fue un espacio para hacer catarsis, para hablar y para plantear qué hacer. Las propuestas fueron muchas, incluyendo la de "hacer toques tempraneros porque la gente no quiere estar en la calle hasta la medianoche", que es cuando usualmente suenan las guitarras en los locales con rock en vivo.

Hubo diatriba sobre esa propuesta. La discusión entre abandonar los espacios, desertar la ciudad después de cierta hora, contribuir a implantar una suerte de toque de queda; o pelear por recuperar lo público, abrir opciones para que la gente venza el miedo, no dejar que el hampa gane.

No hubo acuerdo sobre ese punto pero sí sobre otros, como incorporar mensajes sobre la violencia a las actuaciones desde las tarimas. "Cada concierto (grande/pequeño) que se haga en los próximos días debe difundir un mensaje común", decía Félix Allueva, articulador de eso que comenzaba a fraguarse y terminó llamado Dale Un Parao, con manifiesto y acuerdo en asistir a la Asamblea Nacional, hacer conciertos tempranos "mientras continúe esta racha delictiva" y acercar con la música al este y al oeste de la ciudad. Nada  -o poco- de eso ocurrió, y hasta la cuenta twitter @daleunparao desapareció.
Ahora, tres años después, se anuncia en La Quinta Bar que se inauguran los "Show tempraneros". Será con la banda Andreazulado que presentará también un nuevo videoclip en lo que llaman un "early show", este sábado 16 de mayo a las 7 pm. Ganó el miedo.

No es condenable que se modifiquen los horarios de las presentaciones. El local debe pensar en sus ingresos, y habrán notado que en esta ciudad convertida en espejismo postapocalíptico, luego de "cierta hora" las calles quedan solas y oscuras, y las ventas bajan. La boca del lobo es real y sus benefactores van a sus anchas.

Pero no solo el problema es la calle. La Quinta Bar ha sufrido en las últimas dos semanas dos robos. No han sido cargados de violencia, a punta de pistola, pero sí de indignación. El más reciente fue con un tipo que literalmente se embolsilló una laptop, y hasta quedó registrado en el video de seguridad. Nadie lo pondrá preso. Y se seguirá imponiendo el silencio, aún con los amplificadores encendidos y las guitarras sonando, porque "los conciertos no paran balas", como dijo Asier cuando fue a enterrar a su amigo Líbero, y porque "la noche caraqueña se acabó", como nos dijo Allueva en agosto del año pasado.



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