FOTOS - Brian Johnson: “El sonido del motor es como la multitud rugiendo"


Brian Johnson supo aprovechar la gran oportunidad que, según dicen, todos tenemos alguna vez en la vida. Nuestro protagonista era el cantante del grupo británico Geordie, formado en Newcastle en 1972. Habían grabado varios LP en la primera mitad de los setenta y logrado cierta popularidad. Entre sus admiradores estaba Bon Scott, el cantante de AC/DC. A finales de los setenta la popularidad del grupo había declinado y Johnson tuvo que volver a buscarse un curro para sobrevivir, primero montando lunas y después con su propio negocio de techos de vinilo para coches. Lo normal es que hubiera seguido viviendo modesta y anónimamente. Pero cuando en febrero de 1980 murió Bon Scott por intoxicación etílica, los miembros de AC/DC le eligieron como su nuevo cantante.

Treinta y cuatro años después Brian Johnson es una superestrella, y AC/DC llena campos de fútbol por todo el mundo. Lo más curioso es que de pequeño Brian no quería ser cantante, sino piloto de coches. “Cuando veía en la televisión a Stirling Moss y a Graham Hill, esos fantásticos guerreros de la carretera, pensaba que eran absolutamente heroicos y quería ser como ellos”. Desde entonces tiene la costumbre de comprar revistas de coches que acumula en su oficina. La diferencia es que antes soñaba con los deportivos que veía, y ahora se compra el que le apetece.

La banda australiana está de actualidad, y no solo por su nuevo disco. Al guitarrista y miembro fundador Malcolm Young le han diagnosticado demencia senil, y ya han anunciado que su sobrino Stevie Young le sustituirá. Además, al batería Phill Rudd le han acusado de ordenar un doble asesinato, aunque luego retiraron los cargos. Por lo visto le llaman El Hugh Hefner de Tauranga, la zona donde vive, y tiene más coches que el propio Johnson. El primer Ferrari, un 308, lo compró tras el éxito de Highway to hell en 1979, y desde entonces no ha parado.

Brian recuerda cuando Phill tuvo un 250 GT California y lo metió en la fuente de un hotel en Montecarlo... Según la prensa neozelandesa ahora guarda en el garaje un F40, un 599 y un 458, dos Lamborghini, un Rolls Phantom, un Bentley Mulsanne y un GT Supersport, un Audi R8, un Aston DBS, un Mercedes SLS AMG, un McLaren 12C y un Nissan GT-R.

Johnson, por su parte, sigue pareciendo un tipo normal. En los últimos tiempos ha trabajado de presentador en el programa de televisión Cars that rock en el que visita las mejores fábricas de automóviles (Bugatti, Rolls-Royce o Porsche) para hablar con sus responsables y conducir los mejores modelos. En ellos Brian se muestra como un tipo que disfruta la vida, simpático y natural, y esa siempre ha sido una de las señas de identidad de AC/DC. “Seguir haciendo lo que hacemos, eso es valiente”, defiende Brian. “Durante años nos decían que teníamos que usar máquinas de viento y llevar abrigos de cuero. Decían que éramos dinosaurios, que estábamos fuera de onda porque no llevábamos cosas brillantes ni éramos guapitos y modernos”. La imagen del cantante es muy definida, sencilla y siempre con la gorra puesta.

Brian nació en Dunston, Gateshead, en 1947. Su madre era italiana y su padre fue sargento del Ejército Británico y minero. Recuerda que de pequeño jugaba a las carreras sentado en la cama con un volante, y que su padre le construyó un coche de juguete con una caja y cuatro ruedas. El primer automóvil que pudo comprarse fue un viejo Mini de segunda mano. En cuanto ganó el dinero suficiente con AC/DC se compró un Jaguar, y lo recuerda así: “Nunca pensé que algún día podría comprarme un Jaguar nuevo, y aquel empezó a fallar dos días después...”. 

Hoy le llevan en limusina y tiene unos veinte coches, incluyendo un Ferrari 458, un Rolls-Royce Phantom, un Citroën DS tiburón o un Bentley 4.5 de carreras de 1928, que es su favorito. Es curioso que hasta hace poco no había tenido un Ferrari, y el 458 es su primer coche de Maranello. “Siempre solía comprar coches ingleses, Aston y Bentley, sobre todo. Me preocupaba el mantenimiento a la hora de comprar un Ferrari, una idea un poco estúpida, sobre todo viviendo en EE UU”.

Sabemos que pedir a Johnson que elija entre rock y coches es una tontería, pero había que hacerlo: “Ambos son ruidosos, excitantes y rápidos. Siento la misma excitación al escuchar el sonido del motor que ante una multitud rugiendo. La música ha sido mi vida, y me ha permitido después meterme en el mundo de los coches. Soy un hombre muy afortunado”.



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